Los pesimistas ya guardaban los esquís, pero estaban equivocados: 3 paraísos para ir a randonear cerca de Santiago

Hace solo una semana, se vivía uno de los inviernos más secos en varias décadas en la macrozona centro. Pero la última nevazón dejó más de 200 cm de nieve en algunos sectores, dándole la vuelta al panorama. En este artículo, Sebastián Vial, esquiador y montañista, nos comparte sus tres lugares imperdibles para la práctica del esquí de randonée en las cercanías de Santiago.


Hay valles de montaña que se esquían y otros que se recuerdan.

Estos tres valles de montaña que describo aquí, pertenecen a la segunda categoría: lugares donde el silencio pesa, la nieve cuenta historias y cada temporada deja una razón nueva para volver.

Valle Arenas: el valle que nunca termina de enseñarte

Centro de esquí Valle Arenas

Hay lugares a los que se vuelve por costumbre, y otros a los que se vuelve porque todavía tienen algo que mostrarte. Valle Arenas es de estos últimos. No es el cerro más alto, ni la línea más brava de la zona central, pero es, quizás, el sitio donde más se aprende a mirar la montaña.

Pasando Baños Morales, antes de llegar a Termas Colina, el camino se abre a un valle que no se deja resumir en una sola cumbre. Cada quebrada esconde una posibilidad distinta y cada temporada, sin falta, aparece una línea nueva que nadie había notado antes. Es ese tipo de lugar que respira progresión: el mismo valle que te recibe el primer día con esquís de travesía es el que, años después, todavía te desafía con canalones y glaciares que parecían reservados para otros.

Desde aquí nace el acceso al Cerro Unión, a las históricas bajadas del “Centro de Ski“, y a los extensos brazos de Valle Mesoncito y Valle La Engorda.

No es un cerro: es un laboratorio completo, donde la nieve cambia de carácter con cada giro del camino.

Para quien recién empieza, hay algo casi generoso en este terreno: pendientes amplias, relieve amable, espacio de sobra para equivocarse y volver a intentarlo. Sin embargo, sin que uno lo note del todo, esa misma nieve va endureciendo el desafío a medida que crece la experiencia. Nadie tiene que cambiarse de valle para seguir creciendo.

Lo que más se agradece, salida tras salida, es la variedad del relieve: no son solo palas abiertas, también encuentras lomos, quebradas y quiebres de pendiente que obligan a leer la montaña de verdad, a tomar decisiones y a mejorar la técnica, casi sin darse cuenta.

Portada del mapa guía Grupo Morado

PARA ESTA SALIDA

El Valle Arenas está documentado con lujo de detalles en el mapa guía Grupo Morado.

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Acceso: El acceso es por el camino al Cajón del Maipo, pasando Baños Morales, antes de Termas Colina. El ingreso se controla en la caseta de Parque Arenas, junto a la hidroeléctrica de Alto Maipo.
Entrada: $5.000 por persona adulta + $10.000 por auto. Generalmente aceptan tarjeta. Contacto: [email protected]

Lo que guarda cada rincón

Además de las ya mencionadas palas amplias, existen canalones de distinta inclinación, glaciares, sectores de freeride y rutas de montañismo puro: la respuesta a “qué se puede esquiar aquí” es, honestamente, casi todo.

Entre los clásicos: la bajada del Centro de Ski, las canaletas del Cerro Arenas, la ascensión al Cerro Unión, y los recorridos de Valle Mesoncito y Valle La Engorda.

Desde acá se ve el cerro Unión y una de sus bajadas que salen por Valle Arenas

Mis favoritos siguen siendo el Centro de Ski —rápido, generoso, perfecto para repetir bajadas durante todo el día— y el Cerro
Unión
,
con su aproximación larga y esa sensación innegable de estar en la alta montaña.

Un valle que se guarda la nieve

Por su altitud y laderas orientadas al sur, Valle Arenas suele conservar buena nieve incluso cuando otros sectores ya se
rindieron ante el sol.

Agosto y septiembre —si el camino está despejado— son, sin duda, los meses donde todo calza mejor: aproximación corta, desnivel generoso, condiciones a favor.

Cerro Unión y una de las bajadas que sale por Baños Morales, por el valle del Monumento Natural El Morado

Eso sí, hay un factor que nunca conviene subestimar: el viento. Puede cambiar la montaña en minutos. Revisar el pronóstico antes de salir no es una recomendación, es una condición.
Más que un destino de una sola visita, Valle Arenas es un lugar al que siempre se vuelve —porque la nieve cambia, las condiciones cambian y siempre aparece una excusa nueva para regresar.


Valle Iglesias: El secreto que estaba a la vista de todos

Cuando se habla de esquí de travesía cerca de Santiago, casi siempre se repiten los mismos tres o cuatro nombres.
Y sin embargo, hay un valle que muy pocos mencionan, que muy pocos visitan, y que —sin exagerar— merece estar en el primer lugar de la lista: Valle Iglesias.

Al norte de Santiago, camino al Paso Internacional Cristo Redentor, este valle reúne algo que casi ningún otro sector logra combinar: acceso inmediato, altitud generosa y una variedad de líneas que sorprende a cualquiera que se atreva a ir.

¡Se llega en auto hasta cerca de los 3.200 metros!

Incluso en temporadas secas, es posible calzarse las pieles casi al lado del vehículo, dejando atrás esas caminatas eternas que en otros valles son inevitables.

Y ahí, rodeado de montañas altas que atrapan y conservan la nieve, aparece un terreno que recibe tanto al que está dando sus primeros pasos como al que busca líneas más comprometidas.

Más inexplorado, pero de gran calidad: el valle Iglesias

Cómo llegar: La aproximación comienza en la entrada al Túnel Internacional Cristo Redentor. A diferencia de otros sectores, no hay cobro de ingreso ni permisos especiales.
Al ser un paso internacional, siempre conviene revisar el estado del camino antes de salir, especialmente tras nevadas importantes.


Un terreno que se adapta a quien llega

Palas amplias y abiertas dominan el paisaje, ideales para aprender o simplemente disfrutar descensos largos. Pero también hay pendientes más pronunciadas para quienes buscan un poco más de exigencia. Cada temporada trae consigo nuevas posibilidades, y el terreno se presta con facilidad para adaptar la salida al nivel del grupo.

Tres nombres para empezar

  • Cerro Caracoles, la mejor puerta de entrada para conocer el valle.
  • Cerro Iglesias, un clásico del sector, ideal para seguir progresando.
  • Pala Este, un descenso entretenido, en pleno corazón de la alta montaña.

Como en cualquier salida de travesía, ir acompañado y con el equipo de seguridad correspondiente NO ES OPCIONAL.

Por qué vuelvo, y por qué debería importarte

Valle Iglesias puede visitarse casi toda la temporada de nieve. Al depender de un camino internacional de alta importancia, los cierres cuando ocurren tras grandes nevadas suelen resolverse con rapidez, algo que contrasta con la incertidumbre de caminos privados como los de Valle Arenas o Termas Colina.

Eso sí, no hay que dejarse engañar por lo fácil del acceso: sigue siendo terreno de alta montaña, con pendientes pronunciadas y
riesgo real de avalanchas tras nevadas o vientos fuertes.
El itinerario siempre debe pensarse según las condiciones del día y la
experiencia del grupo.

Si ya conoces Valle Arenas o Termas Colina y buscas algo distinto, con menos gente, un enorme potencial y una sensación de descubrimiento genuino, el Valle Iglesias debería estar en tu próxima lista de salidas.


Termas Colina: Donde la montaña deja de pedir permiso

Si Valle Arenas es la escuela, Termas Colina es el examen que uno realmente quiere dar.

Aquí la aproximación sigue siendo razonable, pero las líneas ya no piden disculpas: son estéticas, exigentes y de gran calibre.

Pasando Baños Morales y Valle Arenas, llegar es simple: basta con buscar “Termas Colina” en Google Maps y seguir el camino hasta el estacionamiento. Pero desde ese mismo estacionamiento, algo cambia. Las palas se vuelven enormes, los canalones se recortan contra el cielo, y cumbres como el Punta Valdés o el Cerro Corona parecen, por un momento, sacadas de los Alpes.

Además, junto a las líneas más exigentes conviven pendientes suaves y amplias, perfectas para quienes recién comienzan. Es un valle donde distintos niveles pueden compartir la misma salida, cada uno con su propio objetivo, sin que nadie se sienta fuera de lugar.

Cómo llegar
Punto de partida: estacionamiento de Termas Colina.
Entrada: $15.000 por persona · Solo efectivo
Instagram: @termasvalledecolina (responden rápido consultas sobre acceso y estado del camino)
Si el objetivo es el Punta Valdés, la aproximación comienza hacia el sureste.

Un terreno más alpino de lo que promete el estacionamiento

  • Palas amplias para grandes descensos.
  • Canalones de distintas inclinaciones.
  • Líneas expuestas, reservadas para quienes ya tienen experiencia.
  • Una sensación de amplitud que solo da la alta montaña.

El protagonista indiscutido

Desde la cumbre del Punta Valdés nace uno de los canalones más clásicos de la zona central: sostenido, estético, entretenido, y con una exposición que no perdona el error. Es una línea que solo tiene sentido recomendar a quienes se sienten realmente cómodos en este tipo de terreno y saben leer las condiciones antes de comprometerse.

La Punta Valdés y su conocida pala esquiable

PARA ESTA SALIDA

El Valle de Colina está bien documentado en el mapa Cordillera de Santiago.

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Cuándo ir y qué cuidar

La mejor época suele ser al inicio y al final de la temporada invernal, cuando el camino hasta las termas sigue despejado y la aproximación se acorta al máximo. Gracias a la altura del sector, la nieve suele mantenerse en buen estado incluso cuando otros lugares ya empezaron a deteriorarse.

Como en toda salida de alta montaña, la planificación no es opcional, ya que el riesgo de avalanchas es real tras grandes nevadas o vientos intensos y las ráfagas pueden cambiar las condiciones más rápido de lo que uno alcanza a subir.



Si tuviera que resumirlo en una frase: Termas Colina es de los mejores lugares de Chile para empezar a explorar un esquí de travesía más técnico. Paisajes que imponen, líneas de nivel internacional, nieve que aguanta y una variedad que hace que cada visita se sienta distinta a la anterior. Es un lugar que impresiona desde que uno baja del auto, y que deja con ganas de volver incluso antes de terminar el descenso.